Cuentos

Todos los cuentos de Gabriel Cocimano en el sitio:  Perdedores Vencidos
CAFE DE LOS MILAGROS 
LIBRO PORTADAEditorial Autores de Argentina
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Leer el cuento Los Ojos Publicado en Letralia. Tierra de Letras – Venezuela – 2016

 

Algunos microrelatos del autor

Reputación
En todo el mundo las fuerzas del orden han logrado forjar una triste fama: su sentido de la demora a la hora de socorrer a las víctimas de delitos. El cine suele parodiar este rasgo de la inoportunidad policial en cientos de filmes. Sin embargo, Camilo Sánchez Sola, el oficial de policía de una pequeña localidad pampeana, parece contradecir aquella reputación.
El inusual agente es admirado entre sus pares por una condición singular: la de acudir al sitio correcto antes de que se produzca un delito. Este instintivo don le ha valido más de un reconocimiento en su comunidad, pero también más de un trastorno: quienes lo conocen le rehúyen ante el peligro de que en el sitio en donde aparece se produzca un episodio criminal.
Tanto es así que, con los años, los lugareños fueron desvirtuando su inigualable condición y comenzaron a tildarlo de mufa, es decir, portador de mala suerte. En el pueblo lo veneran tanto como le escapan. Vive solo en las afueras de la aldea. Ya ni hace las compras porque los comerciantes le temen a su desdorosa presencia.
A la hora de condecorarlo, el salón de actos de la policía local suele permanecer vacío.

 

Hardy
Alguna vez un encumbrado científico ateo de la elite cultural occidental dejó sus prejuicios de lado y conmocionó a sus pares al apoyar a un autodidacta desclasado del tercer mundo. El notable investigador, desoyendo los recelos de la sociedad de su tiempo -y probablemente también los suyos propios- decidió patrocinar las investigaciones de un genio intuitivo e impar, que no se inscribía en el canon de la ciencia occidental clásica. Se necesitaba grandeza y altruismo para reconocer la genialidad ajena y trabajar a su sombra.
En los albores del siglo XX, G. H. Hardy, uno de los investigadores de Cambridge más notables de su época, amparó en su núcleo intelectual a Srinivasa Ramanujan, acaso el matemático de mayor calibre de los últimos siglos. De origen indio, pobre y con solo la instrucción escolar, el joven Ramanujan fue víctima del desprecio racial y de clase de la sociedad inglesa, pero su genio instintivo y clarividente pudo brillar gracias al amparo institucional de Hardy, y sobreponerse a su propio destino.
Ramanujan es la anomalía. Hardy el soporte, el código, la plataforma. Sin la generosidad y la magnitud humana del segundo no habría existido el primero. Hay hombres que deslumbran a la humanidad. Otros que la glorifican.

 

Entre las tumbas
El hombre tenía sueños recurrentes: soñaba con nombres de personas desconocidas cuyas historias también le eran desconocidas. Cierta vez descubrió azarosamente que algunos de esos nombres figuraban en las tumbas del cementerio de su pueblo. Entonces se tomó el trabajo de apuntar en un borrador los nombres que soñaba, para recordarlos. Y decidió asistir al cementerio cada mañana para confirmar sus presunciones.
Pasaron los días, y soñó no solo nombres e historias sino también la ubicación exacta dentro del cementerio en donde se hallaban las tumbas de las personas con las que soñaba. Y, en efecto, corroboró que los sitios eran precisos. Tiempo después, se sumaron a sus sueños cotidianos fechas y edades, que pudo ratificar con igual certeza. Y comprobó que, en todos los casos, había un factor común: los nombres con los que soñaba eran de personas fallecidas antes de fin de siglo.
Cierta noche, nada pudo soñar. Sin embargo, la mañana siguiente sintió curiosidad e igualmente se dirigió al cementerio. Caminó largo rato por entre las tumbas hasta que algo le atrajo la atención: una de ellas llevaba su nombre. Sorprendido, se dirigió a la oficina de administración para indagar sobre aquella coincidencia. Allí le informaron que la persona inhumada en ese sitio había sido uno de los sepultureros del lugar. Fallecido en el año 2000.
Desconcertado, el hombre comenzó a caminar y se perdió de vista entre las tumbas.

 

Un espíritu travieso
Durante siglos fue muy conocida en ciertas regiones europeas la práctica de los varones recién casados de exhibir la sábana manchada con la sangre de sus esposas desfloradas durante la noche de bodas. Por entonces, la virginidad era un bien altamente preciado en las jóvenes casaderas. Aquella costumbre era alentada por los familiares y formaba parte de los usos y costumbres de esas sociedades.
Una aldea italiana de la Toscana no estaba exenta de esas prácticas. Pero una noche la desdichada joven Francesca Binaghi falleció de una hemorragia, tan vertiginosa que no hubo tiempo para salvarla. El pánico se apoderó de todos los vecinos, y lo que iba a convertirse en felicidad trocó en desdicha.
Desde entonces dicen en el pueblo que un espectro suele aparecerse ante los prometidos varones, aconsejándolos sobre la inutilidad de semejantes hábitos. Al parecer, se presenta de distintas formas: hay quienes dicen haber visto el clásico fantasma cubierto con la sábana ensangrentada; están los que solo escuchan voces, murmullos y carcajadas. Y también quienes creen que la aparición incita a las jóvenes casaderas a sublevarse contra sus propios mandatos, controlar su himen y engañar a sus futuros pretendientes.
Lo cierto es que el espíritu travieso suele recorrer los rincones más ocultos del pueblo toscano, para el regocijo de las mujeres y la incredulidad masculina.

 

En la ciudad de las Malenas

“Había memorizado el rugido de la locomotora arribando a la estación, los aromas furtivos, la congestión caótica, el nervio de la ciudad. En diez años, Buenos Aires le dio una identidad, un carácter, un destino. También un amor apasionado, concebido trabajosamente entre la acritud y la indiferencia…” (En la ciudad de las Malenas)

El body azul

“La armoniosa convivencia que llevaban como pareja de pronto se resquebrajó. Si bien la rutina y la pasión habían sido hábilmente dosificadas, algo comenzó a inquietar la mente de Franco, ajeno hasta entonces a los avatares de la infidelidad” (El body azul)

Emboscada 

“Ella encendió un cigarrillo y se acercó a él señalándole la bahía, sonriendo y dejando ver unos dientes impecables. Apenas la vio bajó la cámara (…) y comenzó a gesticular de manera ampulosa celebrando su presencia. Estuvieron un largo rato parados en ese sector del mirador desde el que se divisa Guanabara…” (Emboscada)

Pecado City

“Loma del Huemul, más conocida como la Ciudad de los Pecados, es casi la hechura del apocalipsis, una geografía ballardiana sobre cuya hostilidad logró construirse un micromundo sórdido y amoral…” (Pecado City)

El fisgón de París

“Fue en una galería de Montmartre que Blas Alpini, el artista inesperado, conoció al escultor caraqueño Rufino Antier. En el corazón de la bohemia parisina, dos almas impenitentes suelen forjar pactos de amistad eternos. Conjeturo que éste es uno de esos casos” (El fisgón de París)

La urna

“Había llegado al barrio perseguido por una pena de amor. Se alojó en la habitación contigua a la que yo ocupaba en el viejo hotel…” (La urna)

Divo y Narciso

“Cuando Divo supo que la vieja confitería del boulevard reabriría sus puertas, se le encendieron sus ojos pesarosos, y pudo recuperar algo de la ilusión perdida en la cuenta de sus fracasos personales. Aquel viejo edificio hoy reciclado representaba para él una insignia de su glorioso pasado…” (Divo y Narciso)

La devoción de Aparicio Casalextraterrestre-lyriano[1]

“Probablemente ningún contemporáneo haya conocido a Aparicio Casal en la remota pampa. En verdad, nadie sabe siquiera quién fue (excepto un hombre). Los viejos paisanos hablaban de él con una mezcla de devoción y temor…” (La devoción de Aparicio Casal)

Al calor de las noticias

“Aquel 14 de enero el sol ardía frenéticamente sobre Buenos Aires. Era sábado, y Horacio Micheli dormía escapándole al infierno en su departamento del primer piso de la calle Ecuador. Como a las tres de la tarde lo despertó un ruido intenso, que logró quebrar el silencio de la hora” (Al calor de las noticias)

Le Fouiner

“Ninguno de los obstáculos que Alpini tuvo a lo largo de los años como voyeur compulsivo habían podido amedrentarlo. Por el contrario, se fortalecía ante la adversidad. Y el peligro de ser acusado públicamente o, incluso, apaleado, renovaba sus bríos” (Le Fouiner)

El Floreal

“…era un sitio que no pasaba desapercibido en esos suburbios del sur: no por su apariencia geográfica –se trataba tan sólo de un terreno baldío, poblado con algunos árboles y una pequeña construcción derruida en su fondo- sino por la dimensión mítica que habían alcanzado algunos sucesos que, reales o imaginarios, sucedieron en él…” (El Floreal)

La leyenda del hombre que fue insecto

“…Fue así que la aparición del hombre que se convirtió en insecto constituye una de las leyendas más sorprendentes de la región, un motivo de asombro para los lugareños de ese paraje austero enclavado en la rica e interminable llanura” (La leyenda del hombre que fue insecto)

Publicado en NARRATIVAS / España / 2011

 
Liberación

“Lo que sigue es un minúsculo compendio de algunas impresiones que el infatigable Samuel Encina –un viajante de comercio religiosamente adicto a Jorge Luis Borges y a las elucubraciones esotéricas- solía desgranar acerca de estas nobles criaturas en interminables ruedas de café…” (Liberación)

3 Respuestas a “Cuentos

  1. Muy Bueno, Carlos tejedor está cerca de Pehuajó, donde nació mi viejo: estas leyendas muy típicas de la zona hay que acompañarlas con galletas y mate, e esos amaneceres silencioso, que nos llevan a mirar disimuladamente para atrás (por las dudas, viste)y con algun grito de un pájaro para acelerar el latido del corazón…Me gustó mucho!

  2. Aparicio Casal, excelente combinación entre un hecho de un siglo atrás y los actuales extraterrestres tan de moda…n viaje de la mente que nos trae rápidamente a nuestros días…Muy Bueno!

  3. La Urna Que triste! Muy emotivo! …Me parecía ver a ese hombre con la cabeza inclinada,por la pena que llevaba en su corazón, me atrapó totalmente hasta llegar al final…

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